Es un miercoles extremadamente gris


Es un miércoles extremadamente gris. El tiempo se encapricha con acompañar, como puede, de esa sutil manera. Tarde un rato en darme cuenta que era por eso.
Quizás no haya caído del todo, y me tome otros tantos días nublados acostumbrarme, quien sabe.
Al sentir las gotas corriendo sin prisa por mi rostro sospeche que algo pasaba. El llanto brotaba en abundancia, pero estas gotas no eran del todo mías.
Estas son muy distintas, y aparecen de vez en cuando, ahí cuando algunas historias ponen un punto final. Dicen que el principio y el final de las historias están escritos, que se yo.
Al principio lo conocemos todos. No conozco realmente alguien que recuerde su propio punto de partida, pero siempre alguien que nos rodea puede dar testimonio de estar ahí, cuando empezó todo. El principio trae alegría y felicidad. El principio trae esperanzas y regocijo porque allí comienza un nuevo camino.
La historia del final es un poco distinta. Al día, la hora o el lapso temporal en que sucede no lo conoce ninguno. Pasa, porque tiene que pasar. El final trae un montón de sensaciones tristes para los seres queridos, un inesperado vendaval de emociones que todos queremos evitar sentir. El final es así, inesperado. Pasa de golpe, y te pega como un balde de agua bien helada.
Mientras llega el final, nosotros vamos por ahí como si nada, haciendo lo que podemos con esta montaña rusa caprichosa y sorpresiva que tenemos por vida, sin saber cuándo concluirá realmente.
El camino de otro ser querido finalizo acá, para seguir en quien sabe dónde, y el cielo no quedó exento de eso. Hoy es un miércoles extremadamente gris. El cielo, al igual que yo y otros tantos, se permitió llorar un poquito de tristeza.
                                                                                                                         
                                                                                                                 Hasta la vuelta, querido amigo.
Te vamos a extrañar un montón.

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