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Por si algún día

Por si algún día lees esto te escribo estás palabras. Por si algún día, por esas casualidadades te topas con esto. Por si algún día estas acá por primera, segunda o decima vez. Por si algún día de repente te asaltaron la duda, la curiosidad o las ganas. Por si algún día me extrañas y buscas que este espejo de letras te devuelva algo mío. Por si algún día venís teniendo una racha, un presente o un momento malo. Por si algún día no sabes que camino tomar (aunque esto no te ayude de mucho) Por si algún día necesitas un abrazo, un empujón o unas palabras de aliento. Por si algún día simplemente te encontras leyendo esta nota, quería que sepas que un martes a las 3 de la mañana y cientos de días después, te sigo extrañando mucho y te quiero como el primer instante. Por s̶i̶ que algún día nos volvamos a encontrar🤞...

Momentos

Hay que saber encontrar los momentos, y ojalá lo hubiese entendido antes. El momento adecuado es único e irrepetible, es la opción perfecta en la cuál deben transcurrir las cosas. Ni un día antes o media hora después: ahí mismo. Es muy difícil encontrar la ocasión exacta para actuar. Es más, aunque hubiese una, es casi intangible de percibir. Dichosos los tiempistas de la decisión acertada, muchos de nosotros los envidiamos un poco (bastante). Esto también va más allá de las intenciones, ¿estamos de acuerdo? Puedo tener toda la buena predisposición del mundo, pero por apurado o por boludo se me escapó de las manos, y no hay mucho por hacerle. Con todo esto no quiero decir que no hay que ir y actuar, nada de eso. Vayan, jueguen y arriesguen, que de eso se trata un poco la vida. Probar y ganar, pero también tropezar y equivocarse, pero siempre tratar de salir a flote. En una de esas, con suerte o...

Algunos días

Algunos días me gustaría saber de vos. Saber que te pasa por la cabeza, saber de tu día o lo que desayunaste esta mañana. Algunos días necesito alguna de esas charlas que manteníamos por horas. Algunos días necesito tus consejos, tus palabras o tus risas. Tus mates, tus paseos y tus locuras. Algunos días vuelvo a ver tus fotos (y tu sonrisa presente en todas ellas). Algunos días quisiera volver a escuchar tu voz. Algunos días me olvido de tu cara y hago muchísima fuerza para recordarla. Algunos días necesito que vuelvas a estar acá, cerca mío, como antes. Algunos días te extraño mucho . El resto de los días son normales. El resto de los días no tienen mucho de especial. El resto de los días son distintos, y está bien que así sean. El resto de los días son cualquier martes o domingo, miércoles o viernes. El resto de los días te extraño de igual manera, pero hago ...

Relato

No tengo mucho para decir. Bueno, en realidad sí. Los que me conocen saben que nunca logro callarme. Para ellos, algunas veces es divertido. Otras, un calvario. Hablo mucho las 24 horas del día. Y sí no hablo, lo escribo. O mando fotos. O memes. También hago caras graciosas, pero guarda con las de culo. De esas no me sacan tan rápido. Me gusta reírme y andar en patas. Me gusta leer y ver películas. Me gusta el dulce de leche casi tanto cómo el fútbol. La mayoría de mis sueños son cosas terrenales, que pueda llegar a conseguir. Nunca me veo con grandes aspiraciones. No me imagino llegando lejos. Ese es tal vez mi mayor defecto. Amo, amo mucho. A mis amigos, a mi familia. A mi club y a alguna que otra piba. Alguna que otra, porque no tengo una lista larga de amores. Larga si, como las relaciones. Esas si me gustan. Por eso tuve pocas, supongo. Por el momento estoy sólo. Mi viejo dice que elijo mucho. Mis amigos, también. Mi vieja no. Ella dice que busco un amor para toda la vida, cóm...

Una tarde jugando a la pelota

Hace un montón que no escribo nada. Me parece que, con la falta de tiempo y el tener la cabeza tan ocupada, se me están yendo las ideas. Que se yo, no me gusta mucho eso. Sin embargo, hoy quería contar algo que me pasó en estos días. El club en donde juego está entrenando en el predio de un Instituto de menores. Algunos de los pibes que viven ahí vienen a practicar con nosotros, aunque son los menos. El resto de ellos mira como corremos o jugamos a la pelota todos los días, en un costado de la cancha. La cosa fue más o menos así: habíamos terminado de jugar un partido, y nos sentamos todos en ronda, a estirar y descansar un poco. Cómo en cualquier grupo humano, no faltaron los chistes y las cargadas a uno u otro. Mientras me estaba riendo de algunas de estas cosas, se me acerco uno de esos pibes que viven ahí, en el Instituto. Tengo que reconocer que no le pregunté como se llamaba, y eso me dejó algo de culpa. En fin, se me acercó y se sentó al lado mío. - Que lindos botines - me ...